en Madrugada de Cobardes • 13/12/2007

Un ladrón es sorprendido en el interior de la cámara acorazada de un banco por el guardia de seguridad. Ante la negativa del primero a abandonar la caja, el guardia se ve obligado a retenerle durante una hora y media, a la espera de que el relevo los encuentre. Durante ese tiempo el ladrón se va adueñando de la situación, sometiendo al guardia a un perverso juego psicológico en el que va descubriendo, como si cartas de un juego se tratara, el contenido de las cajas que el guardia defiende con un arma en sus manos.
En las entrañas de la cámara de seguridad se esconden los motores que pueden moverlo todo, o peor aún, qué pueden pararlo todo. Un mundo sin reglas en el que aquel que puede pagarlo adquiere el derecho a crear su propia justicia, donde la única regla es que no hay reglas. La sociedad va quedando al desnudo ante ellos, mientras ambos esconden las verdaderas intenciones que les han hecho bajar a la caja esa noche. El ladrón se resiste a desvelar qué busca entre las cajas, y el guardia oculta cómo ha descubierto que se estaba cometiendo un robo. Uno y otro se encuentran atrapados en un mundo de mentiras y realidades, de ladrones y asesinos, de los que serán cómplices si consienten que los secretos permanezcan ocultos. Pero para desvelarlos tendrían que confesar sus propios pecados.
Una carrera contra el reloj en la que todo se precipita cuando se descubre el contenido de una de las cajas. Un giro insospechado que cambia la situación de forma radical e inesperada para los dos personajes, en la que deberán tomar decisiones que cambien sus propias vidas.
Juan Carlos Naya da vida al personaje del ladrón en la interpretación más sobrecogedora de su larga trayectoria profesional. Junto a él, Ángel Solo, tras alcanzar el éxito con su carrera en el teatro clásico, se descubre ahora como un magnífico actor para el drama contemporáneo. "Se puede disculpar lo que no se ve, lo entiendo. Pero ahora tú, ya lo has visto".