en Photo • 08/02/2008
El turismo comenzó siendo un capricho de la nobleza, de unos pocos privilegiados que en sus largos viajes visitaban países remotos, culturas y paisajes totalmente diferentes. En la actualidad nos encontramos con descomunales movimientos de población que con su presencia transforman constantemente la fisonomía de lugares que en su día fueron idílicos y desconocidos para la mayoría.

Fue en mis recientes vacaciones en Angkor Vat, unas impresionantes ruinas en Camboya, donde vi de forma muy directa cómo los turistas maleamos y cambiamos el paisaje. Así es y cada vez va a más, desde hace unos años y de manera constante un enorme flujo de población, sobre todo en Asia, se va incorporando a la sociedad de consumo de estilo occidental.

Las hordas turísticas van a estar presentes en cualquiera de los más importantes monumentos o ciudades del mundo, entre ellos Angkor Vat. Por la tarde, en una colina en la que hay un templo desde el que se ve una bonita puesta de sol, cientos de turistas que pasan el día desperdigados por las ruinas se concentran a la misma hora. Tras pasar un rato observando el paisaje me di la vuelta y descubrí que resultaba muchísimo más interesante contemplarlos a ellos que al sol poniente, que a fin de cuentas se ve más o menos igual que en cualquier otro lugar del mundo.

Os presento una serie de fotos sobre esta gran concentración, una exaltación del turismo de masas que se da todas las tardes en esta colina. Según cae el sol te ves rodeado de personas de todos los países del mundo con infinidad de cámaras digitales tomando fotos sin parar. Es una situación insólita, el estar en un espacio limitado como lo es la cima de una colina abarrotada de gente haciendo lo mismo. Cuando se habla de "globalización" pienso en este rato que compartí con todas estas personas, originarias de lugares tan lejanos pero idénticas en costumbres.










Me imagino el siglo XXI como una colina abarrotada de gente tomando fotos. Hay que acostumbrarse a lo que nos va a tocar vivir, y yo recibí un anticipo en mis pasadas vacaciones, mis primeras dos horas de globalización en Guirilandia.